Me gusta mucho cuando mis compañeras hablan abiertamente de su trabajo. Admiro el trabajo de diseñadoras, tintoreras o compis del sector que enseñan su manera de trabajar y nos dejan ver a las demás en qué consiste su día a día. Porque no nos engañemos, esto es un sector, un negocio, el negocio de las lanas. Históricamente ligado a la mujer, las labores, y el ámbito doméstico, pero ahí estamos todas intentando dignificar, profesionalizarnos y hacernos un huequito, que se dice rápido pero se consigue muy despacio. Es por eso que tenía muchas ganas de poder hablar de mi negocio de una manera accesible para todos los públicos. Explicar en qué consiste mi trabajo y escribir sobre la parte que más disfruto, lo que me supone más esfuerzo, lo que me motiva, etc.

Tradicionalmente las tiendas de lanas nacían bajo el paraguas de una marca. Cuando abría una tienda nueva en un pueblo o ciudad, estaba siempre e inevitablemente asociada a una casa de hilos y sólo podía vender esa marca. Recordaréis las tiendas de Oso Blanco, Lanas Stop, Phildar, Katia… Visto desde la óptica actual, esto era una ayuda, pero también un acto de paternalismo ridículo, como si una mujer no fuese capaz de gestionar un negocio por sí misma. La competencia era brutal y se favorecía precisamente eso. Por suerte los tiempos van cambiando y actualmente existen multitud de tiendas de labores y muy diversificadas, cada una especializada en lo que le apetece o le interesa. Ya no se lleva eso de las “exclusividades“. Aunque suene increíble, antes de abrir Mimosa hará 3 o 4 años, me reuní con los representantes de todas las marcas comerciales españolas. Algunos mencionaron exclusividad con otras tiendas en mi ciudad y se negaron a venderme material. Yo les explicaba que era un proyecto diferente, que era una cafetería y que iba a organizar muchos talleres, dirigirme a un público más joven y que no suponía competencia para lo que ya existía. Nanai. Meses después me llamaban por teléfono porque desde la central les habían dado el toque para intentar captarme, las marcas veían Mimosa en redes sociales y se preguntaban por qué no estaban en las estanterías y en mi feed. Las exclusividades no existen y son una cosa absurda del pasado.

Pero entre el todo y la nada, entre el proteccionismo absoluto y el neoliberalismo más salvaje, hay una escala de grises. Es por esto que a veces no entiendo las decisiones de algunas compañeras de pisarnos entre nosotras, cuando lo que deberíamos de estar haciendo sería ayudarnos en todo lo posible. Por mi parte, tengo la conciencia bien tranquila, guardo muy buena relación con compañeras de otros puntos de España y hablo con ellas regularmente. Hace tiempo intenté organizar un proyecto muy chulo en colaboración con Meli de Filandtropia (tienda de lanas de Barcelona). Eran unas jornadas de convivencias para dueñas de tiendas de lana para conocernos mejor, eliminar prejuicios y establecer unas bases para crear una red y ayudarnos entre todas. Creo que éramos demasiado ingenuas…

Me enfado mucho con las tiendas que se dedican a copiar el catálogo de Mimosa. Desde fuera puede parecer una actitud infantil, caprichosa, a veces incluso tengo que morderme la lengua cuando alguien me suelta eso de: “si te copian es que lo estás haciendo bien”. No, perdona chata, si me copian es que son comodonas, zánganas y conformistas. Si te cuento que existe otro “Café Lanar” con el mismo logo, el mismo escaparate, el mismo concepto en un pueblo de aquí cerca, ¿me crees? Un doppelgänger mega-cutre de Mimosa. Cuando abrió, la gente me preguntaba si había franquiciado, me quería morir. Un ejemplo claro de cómo cargarte de un plumazo el branding que alguien se ha currado desde cero. Me quitó el sueño sólo un par de semanas, aprox. No pretendo que este post se convierta en un grito desesperado, pero sí visibilizar la problemática de la competencia desleal y la poca profesionalización y ausencia de valores éticos dentro del sector.

Me gustaría contarte que mi trabajo consiste básicamente en tratar con proveedores. Como en cualquier comercio, los problemas vienen SIEMPRE de la elección de tus proveedores. En esa decisión influyen muchos factores, pero principalmente el más decisivo son los márgenes. No es fácil ni barato importar desde fuera de la UE, por ejemplo. Me he encontrado con algunas personas que me daban consejos sobre cómo gestionar mi negocio, que me sugerían traer marcas “que seguro que venderías muy bien”, o que me preguntaban por qué no vendía X calidad de una marca y sí otra que a ella no le interesaba. Si no cuestionamos que en nuestra ciudad no haya un Sephora, un Lush o un Zara, y tenemos claro que la decisión se debe a sesudos estudios de mercado, ¿por qué le exigimos ese esfuerzo a una tienda pequeña? Como todo, esto es una cuestión de educación y de respeto. A mí no se me ocurre entrar a una zapatería y cuestionar a la dueña porque no vende Pikolinos, por ejemplo. Y de esta problemática con los proveedores, viene el conflicto con otras tiendas, digamos, de moral relajada, que prefieren seguir al rebaño en vez de hacer su propia investigación con proveedores.

Por mi parte, me esfuerzo al máximo en buscar siempre marcas nuevas, desconocidas para el público general. A veces no te dejan buen margen, pero te hacen un escaparate bonito. Hay mucho esfuerzo detrás de ese trabajo. Y mucho dinero. Por ejemplo: yo me dejo auténticos pastizales en comprar lanas a tiendas de Finlancia, Suecia, Dinamarca, con gastos de envío de mínimo 15-20€ (luego me río cuando alguien me cuestiona el precio de los envíos en España). Normalmente compro ovillos sueltos, que no puedo aprovechar más que para resobetear, oler, tejer alguna muestra, y poco más. A las marcas que a mí me gustan no les interesa el mercado español, y por supuesto no te envían muestras gratuitas de sus hilos. Como máximo te mandan un muestrario feo de cartulina con flequitos de colores. Y te lo cobran. Y te cobran el envío. Y con eso no puedes tejer nada, ni comprobar los ovillos, ni resobetearlos. La mayoría de marcas las descarto, no me interesan, no las compraría yo como consumidora así que sería hipócrita venderlas en mi tienda. Además cada vez soy más pico fino.

Ahora bien, cuando me decido por alguna marca nueva, toca apostar fuerte. Sólo colocándola en las estanterías virtuales de Mimosa, no se vende. Hay que enseñarla mucho, hay que pagar a una fotógrafa para que te ayude a presentarla bonita, hay que invertir tiempo y dinero en la web, hay que tejerla y mostrarla, suelo diseñar algún patrón (a veces incluso lo regalo con la compra del material), y si puedo conseguir que alguna diseñadora me ayude (y yo ayudarla a ella), genial. Te pongo un ejemplo y lo vas a ver muy claro: ¿No te llama la atención que con la cantidad de tiendas que venden la marca The Fibre Co en España, el 90% sólo vendan la calidad Lore? Te explico muy brevemente cómo trabajé yo con este hilo y lo vas a ver claro, clarinete.

Cuando me decidí a traer Lore a Mimosa, me contactó Carmen G de Mora para colaborar en un patrón con ella. Por supuesto, cada vez que Carmen me escribe, es un SÍ como una catedral. Le envié los hilos a coste cero, porque confío en su talento sin parangón. Sus testers también tuvieron descuento en las lanas. Organizamos un KAL multitudinario cuando empezaban a ponerse se moda, montamos una campaña de recaudación de fondos para el proyecto Reforesta, incluso nos felicitó la marca y el hilo se volvió muy popular. Un poco después, la mamá de Belén de Tejer en Inglés le compró unas madejas en Mimosa que escogimos juntas con mucho cariño porque creímos que ese mint precioso le quedaría muy bien con su pelo y sus ojos. Belén tejió un jersey Koivua maravilloso y de nuevo la lana se volvió más popular aún. Más tarde, elegí ese hilo para mi patrón en el primer número de Cables magazine y mi diseño del chal Navia. Sinceramente, es uno de mis diseños favoritos y estoy súper orgullosa de él. Aquí la marca se frotó las patitas porque de repente todas las tiendas encargaron Lore para sus estanterías…

De esta manera quiero arrojar luz sobre un trabajo muy invisible pero que está ahí. Mi vocecita interior, en ocasiones, me susurra que debería cerrar la tienda y montar una distribuidora. Para qué seguir peleando. Total, si ya le hago todo el trabajo a las marcas, las posiciono, las doy a conocer e incluso les consigo nuevos puntos de venta. Ni siquiera algunas compañeras saben valorar este trabajo ni lo respetan. Con el cuidado que yo tengo de no pisar a nadie y la cantidad de marcas bonitas que hay por ahí dispuestas a ser descubiertas. No, es más cómodo traer lo que a Mimosa ya le funciona y aprovechar el tirón.

No me gusta la “competencia” en el sentido dañino de la palabra. Pero no sería sincera si no te contase que esa presión, ese boicot, esas zancadillas, me fuerzan a intentar ser todavía mejor en mi trabajo, a esforzarme más fuerte aún. De alguna manera, por los motivos que sean, no se me permite acomodarme. Prefiero fijarme en las tiendas extranjeras y en quienes están haciendo cosas interesantes que me gustan de verdad, y no en el panorama infantil y poco profesional que parece que a veces nos gastamos en España. Por ejemplo, la próxima marca que voy a traer es una casa súper exclusiva que no se vende en nuestro país actualmente y que hace auditorías a sus puntos de venta para saber si son rentables antes de confirmarles que pueden vender sus hilos. ¡Qué ganas de que llegue!

Perdón por el texto larguísimo. Me ha servido para desahogar y verbalizar algunos sentimientos que me rondan acerca de este trabajo tan íntimo pero tan expuesto a todo el mundo. Me reconfortaría saber que todo esto se percibe desde fuera. O a lo mejor no, pero yo he intentado formularlo con claridad. Lo siento si he llegado a ofender a alguien. Gracias por leer hasta aquí. Yo también te leo en los comentarios : )

 

Laura